miércoles, 19 de noviembre de 2014

Evaluación integral: seguir el ciclo de los programas

(Entrada publicada originalmente aquí)
Desde el punto de vista de la formulación de políticas, la implementación de un programa o intervención responde a una problemática de relevancia social identificada, para la que se considera que se cuentan con medidas viables que pueden contribuir de forma importante a solucionarla. Esto es, dado un problema identificado y relevante se lleva a cabo un análisis sistemático de sus causas y consecuencias, y se identifican los aspectos susceptibles de intervención de los cuales entonces resulta el diseño de un programa.
Una vez diseñado el programa, la operación del mismo está sujeta generalmente a la intervención de diversos actores, lo que necesariamente inciden en cómo se traduce en la práctica lo que se ha diseñado. Esta operación de los programas, el cómo se lleve a cabo, se verá reflejada en los resultados que se alcancen, y en ese sentido, en la efectividad del mismo, esto es, en la capacidad en la práctica de modificar la realidad para la cual se formuló en primera instancia.
En forma simplificada, lo anterior describe lo que se puede considerar el ciclo de vida de los programas, esto es, el proceso que va de la identificación de una problemática y de las posibles estrategias para atenderla, a la modificación de la situación problematizada. Este proceso se caracteriza por ser un continuo, en el que cada fase en el ciclo es al mismo tiempo resultado de la previa e insumo relevante para la subsecuente.
Desde esta visión de los programas un abordaje a la evaluación de los mismos que sea consistente con el proceso de los programas es plantear una visión igualmente integral, esto es, que refleje la importancia de cada fase para la siguiente, y para el resultado final. Una visión integral de la evaluación implica considerar la necesidad de analizar la problematización que dio origen a un programa, tanto en la argumentación de las causas del mismo como en lo que se refiere a los mecanismos para atenderlo, que considere la evidencia existente. Implica asimismo revisar el diseño del programa, buscando identificar si la estructuración del mismo es consistente con el problema y estrategias de solución identificados. También implica analizar la implementación y operación del programa, verificando si es consistente con el diseño y si se están generando los productos y/o servicios de acuerdo a lo programado. Finalmente, implica verificar si se está modificando la realidad que se buscaba modificar, y si esto se está llevando a cabo de forma eficiente.
Esta visión se ha plasmado en un abordaje integral a la evaluación que busca entonces mirar en espejo el ciclo de vida de los programas, proponiendo un abordaje de evaluación para cada momento del mismo, considerando explícitamente la interrelación entre los mismos, y haciendo uso de diversas herramientas metodológicas. Plantear la evaluación con enfoque integral no quiere decir que para cada evaluación sea necesario llevar a cabo todos los momentos de la evaluación (del diagnóstico, del diseño, de la implementación y operación, de la efectividad y eficiencia), sino más bien que es necesario tener presente la interrelación de las mismas como un proceso continuo.

viernes, 27 de abril de 2007

Tabaquismo y obesidad

El comentario sobre la diferencia en la tolerancia social creo que lo ví en la pelicula de Super size me; la idea básica es que parte del éxito de las campañas contra el tabaco tiene que ver con generar cierto estigma sobre fumar y parece que ha resultado, al menos en ciertos cículos, en donde se ve mal fuma. Un enfoque parecido haría que se vea mal tener sobrepeso.
Hace un par de años, un artículo en BMJ (Tobacco and obesity epidemics: not so different after all?) hacia un punto parecido, pero en la parte de cómo hacer frente a la industria de alimentos. El concepto básico: una parte importante de porque la obesidad es ya una epidemia tiene que ver con que es más barato comer alimentos de alta densidad energética, luego, como mencionan en otro artículo, una dieta que se ajusta al presupuesto disponible termina siendo una dieta obsesogénica.
¿Funcionaría generar el mismo tipo de incentivos a no tener sobrepeso? Probablemente si, si al mismo tiempo hay acceso a alimentos no obesogénicos. Pero si, en un sistema de incentivos, si el tener sobrepeso es mal visto socialmente, pues nadie va a querer tener sobrepeso. OK, no es tan fácil, hay gente más predispuesta, pero aún así, van a querer de peso.

Londres en abril

Pues había que comenzar el blog de alguna forma, para vencer la resistencia interna, así que esta nota puede que no sea muy interesante, de hecho. Probablemente el asunto más relevante de esta semana por acá, es que es el séptimo mes de estar acá. Hace 7 meses comencé con el doctorado.